Descripción
A Valentina, sus apellidos le sentaban como un traje a medida:
aquella niña nunca nunca se callaba.
Una tarde su madre la mandó a por un paquete de sal y le dijo:
– ¡No te entretengas en el camino!
Ya sabes que, en cuanto cae la noche, el Monstruo de la Media Cara…



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